Tic Tac: Time to Love

La nobleza así como la generosidad de la vida, me parece, se encuentra en las personas que conocemos. En algunas ocasiones vienen a enseñarnos algo, luego se van. En otros casos algunas de esas personas siguen acompañándonos en el camino. Al tiempo y la distancia me doy cuenta de que el aprendizaje que he recibido de cada una de las personas que han llegado a mi vida sigue haciendo mella. La generosidad que han tenido de dedicarme su tiempo, su atención, sus palabras es inmensa. Sus lecciones han venido sin intención ni interés y aún así han cumplido el cometido de hacerme crecer.

Hace tiempo publiqué un post en el que hablaba de los lenguajes del amor y mencioné que no sabía cuál era el mío. Dicen que en pareja uno se conoce a través del otro, sin embargo yo creo que esto va más allá del amor romántico. Es más yo creo que el amor romántico tiene que ver con los actos que el otro tiene hacia uno y viceversa, no necesariamente hablando de una pareja. Hace un mes mi partner in crime (#JuntasHastaLaLesión) viajó a la Ciudad de México para correr el Maratón, yo me encontraba trabajando en esa ciudad y tan pronto terminó sus actividades preparatorias, me llamó para ir a cenar. Ella iba con el tiempo justo y a pesar de eso se hizo un espacio para compartir conmigo su sonrisa maravillosa. La verdad es que en ese momento ya me había olvidado de cuál sería mi lenguaje del amor, pero como siempre: la Vida es generosa y nos pone la misma prueba hasta que logramos superarla, aunque en este caso fue más como un recordatorio cuando Mafer y yo hacíamos caso omiso a nuestros indices de azúcar y triglicéridos compartiendo una pizza mientras veíamos La chica del tren y ella volvió a preguntarme si ya sabía cuál era mi lenguaje del amor, me atragante con otro pedazo de pizza y respondí que tal vez los actos de servicio, pero con lo necia que es mi hadita, seguió escarbando hasta que me hizo notar que a mí lo que más me llena es el tiempo, el tiempo de calidad que los demás comparten conmigo. Por ejemplo, un día Mafer y yo la pasamos yendo y viniendo en trámites (del SAT para variar) luego fuimos a comer, al cine y a cenar. A pesar de vivir en la misma casa convivimos poco debido a nuestro trabajo, sin embargo el tiempo que pasamos juntas fue de calidad, de estar. Como aquella vez que cenamos pizza o cuando la acompañé a una reunión a la que tenía nervios de asistir o cuando tembló y nos quedamos platicando en su habitación hasta que mis azucares parecían volver a sus nivel normales, mientras me compartía los tesoros que la hacían volver a sus raíces. Fue en ese momento en el que descubrí mi lenguaje para asimilar el amor: Tiempo de calidad.

Pasar toda la noche platicando sentado en alguna banca callejera (aunque se me enfríe el derrière), descubrir un trago en un restaurante y estar ahí hasta que nos corran, ver amanecer, hablar durante toda la noche y continuar con deseos de seguir escuchando a esa persona, de mirar sus ojos y echar de menos su presencia. Recordar con una sonrisa los momentos compartidos, esa es la nobleza que hoy reconozco, admiro, atesoro y agradezco.

Y ¿Ustedes ya saben cuál es su lenguaje?

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