El otro lado de la renuncia

«El miedo no es malo, nos previene del peligro» 

¿Cuántos de nosotros hemos escuchado esa frase? Muchos, me incluyo, lo hemos tomado como mantra ante alguna situación en la que se nos hacen las piernas de atole y terminamos por reconocer que estamos alerta y protegiéndonos a nosotros mismos. Sin embargo ¿Qué pasa cuando esa emoción termina por paralizarnos? El miedo es parte de la naturaleza humana, claro, eso no está en discusión, lo que quiero poner en la mesa es que muchas de esas veces en que el miedo arropa al momento de querer tomar una decisión, la mejor que creamos en ese momento, nos quedamos girando en nuestro tacón porque simplemente no sabemos qué hacer por miedo, pero la verdadera pregunta es ¿Miedo a qué? ¿Qué es eso que nos detiene cuando estamos por dejar una relación laboral, el país, una pareja, un vecindario, una profesión? Es cierto que el miedo puede ser una gran alarma para estar alerta, pero es cierto también que en un grado nos nubla el pensamiento y sobre todo la creatividad. Si nos detuviéramos un momento a reflexionar aquello que nos detiene a generar un cambio en nuestra vida o en la de alguien más encontraremos que es el temor al fracaso y al rechazo, y ¿Qué tiene que ver esto con la creatividad? Sucede que en los momentos en que nos dejamos invadir por el miedo de forma negativa, de forma que nos paraliza, nos encerramos en nuestros pensamientos, mayormente prejuicios y nos apartamos de toda objetividad. Evitamos toda diversificación como aceptar opiniones expertas. Recuerdo que hace unos años me encontraba trabajando en una empresa multinacional, me desempeñaba como gerente de capacitación y calidad para Latinoamérica y el Caribe, tenía un sueldo estable y competitivo ¿suena genial? ¡Por supuesto! Sin embargo no era feliz. Llegó un momento en el que sentía que ya nada de eso valía la pena. Levantarme, arreglarme, subirme a las zapatillas, cruzar la calle y llegar a la oficina, pasar ahí ocho o nueve horas y luego a casa. Dicho así suena espantoso, pero en realidad al inicio era muy bueno ¿Qué pasó? Yo siempre pensé que no era una persona creativa. Concebía la vida como una producción en masa, pero algo dentro de mí no se sentía satisfecho. Entonces pensé en renunciar e inmediatamente me sentí una traidora ¿A quién? ¡A todo y a todos! ¿Qué dirían mi familia, mi padre, mis amigos, mis jefes? Toda mi carrera se me iba a ir al diablo y me vería con un capital limitado hasta que encontrara qué rayos hacer con mi vida. Las cosas se fueron poniendo más complicadas en la oficina y bueno un día decidí que renunciaría esa semana, salí a comer y mientras daba desganados bocados a mi pollo sin sal, pensé «¿Qué haría si no tuviera que regresar a la oficina?» Entonces se me fueron ocurriendo una serie de cosas que me empezaron a llenar de fuerzas. Mi creatividad desatada me llevó a planear en diez minutos un plan de gastos a seis meses. Antes de terminar mi pollo y con las piernas temblando, crucé la calle, entré a la oficina, redacté mi renuncia y salí de ahí convencida de que haría algo que valiera la pena. Es cierto que no sabía exactamente qué, pero algo dentro de mí confiaba. Claro que al inicio guardé en secreto mi decisión y es que de verdad hay momentos que solo nos pertenecen a nosotros, son como «secretitos» diría un amigo muy querido. Entonces guardé mi secretito y me anoté en talleres de escritura, actuación, cine y fue ahí que descubrí que existían escuelas especializadas para estudiar cine. Sin tanto rollo y después de tanto, hoy tengo ya dos proyectos filmados, guiones en pre producción, proceso de edición de mi primer antología de cuentos, obras de teatro, un proyecto de negocio, incluso el cine me ha dado de comer, es decir, me he formado una carrera ya, de la nada, desde cero. No ha sido nada fácil. Sigo sintiendo aquel temor al rechazo, al fracaso, sin embargo cada que me siento temerosa, me detengo a observar qué sentido tiene lo que hago y esa práctica me ayuda a deshacerme un poco de mi yo saboteador. Sigo guardando mis secretitos para mí. Atesoro cada rechazo en algún concurso o convocatoria. Después de todo, lo único que hubiera podido perder al no participar, sería la de añadir horas de praxis a mi experiencia, y esa sí que no me la pierdo ni aunque me paguen.

Volviendo al tema de creatividad es importante entender que involucra el proceso mental de desarrollar ideas, pero ahí no para la cosa porque en consecuencia conduce a la innovación; es decir, la forma de aplicar dichas ideas, lo que nos lleva a la fase final: el diseño; el estilo que le damos a esas ideas. En una publicación anterior mencioné que cualquiera podría hacer determinadas cosas, sin embargo no es así ¿Por qué? Tendemos a creer y a justificar, que no contamos con los dones o el tiempo necesario, pero eso es una mentira, una muy grande, pues todos somos capaces, me refiero a la habilidad porque ésta se puede desarrollar empero no todos aceptamos a realizar las renuncias necesarias. Haruki Murakami en su libro What I talk when I talk about running habla de su experiencia como corredor y lo que ha dejado atrás para lograr en su haber 25 maratones. El novelista describe que ha tenido que renunciar a tertulias con sus amigos en las que solía trasnochar, pues de otro modo no hubiera rendido para lograr el objetivo que se había trazado. Las renuncias tienden a verse de manera negativa, sin embargo qué tal si éste es solo un puente.

¿Lo cruzarían?

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