Esto es normal

Últimamente he escuchado, visto, leído mucho sobre el acoso sexual. Muchas mujeres han levantado la voz para denunciar a sus acosadores, lo cuál me alegra, no solo por ser mujer, ni porque en algunas ocasiones también he sido acosada, sino porque a través de la denuncia se establece un límite. Sé que muchos por ahí pensarán «¡Qué exagerada!» «Feminista loca» y la verdad es que son libres de pensar lo que los haga sentir mejor. Sin embargo cuando hablo de acoso no me refiero solo al sexo femenino porque si algo tiene el acoso es que no discrimina, TODOS somos vulnerables ante él. Me parece que es importante destacar que el acoso no se trata de sexo exclusivamente, sino del poder. El poder que una persona ejerce sobre la otra para obtener un beneficio que ese otro no da por voluntad propia.

El tema no es nuevo, lo cual es lamentable, sin embargo lo más sorprendente es que se dé por hecho como algo normal y…¡No es normal! Que alguien, sea el genero que sea, traspase la voluntad del otro. Desde que somos niños nos enseñan a agradar a los demás «Saluda a tu tío» «Dale un besito» «Dale un abrazo» todo esto en contra de nuestra voluntad, no insto a nadie a que mal eduque a sus hijos, lo que digo es que hay algo llamado instinto y los niños lo tienen en muy buen estado, sin embargo como adultos pareciera que tenemos la misión de destruirlo dañando así la autoconfianza de un futuro adulto, que si bien le va, podrá establecer límites, sí límites, porque los límites son buenos, nos enseñan a comunicar hasta dónde le permitimos al otro entrar en nuestro espacio. Parece hilarante y hasta lógico, pero la historia demuestra lo contrario. Desde niños nos inculcan que las figuras de autoridad no solo deben ser respetadas, sino veneradas, pero no por algún mérito, sino a través del temor, este temor pasa del padre al jefe, al vecino, a la pareja, al amigo, etc y pasamos por la terrible zona de normalidad cosas que no lo son por miedo a que nos despidan, nos golpeen, nos violen o nos maten, entonces intercambiamos lo que suponemos «bienestar» a través de la sumisión. Hoy en día que se supone que vivimos una era de tecnología, de libertad de expresión, de gente que está orgullosa de su categoría generacional (Millenial) y no sé que tanta cosa más y es hoy en día justo cuando seguimos siendo víctimas de pensamientos estúpidos cómo:

*¿Qué vaya a pensar de mí?

*Y si me corre

*Él/Ella es el jefe

Y mi favorita y la más terrible

*No quiero que piense que soy problemática/co

Recuerdo que en el último proyecto que estuve trabajando lo que más me costó fue lidiar con el constante acoso y la primera imagen que surge es: Una chica guapa e indefensa asediada por un grupo de pervertidos ¿No? Sin embargo esa imagen está muy lejos de la realidad, no porque no me considere una mujer guapa, sino porque ni soy indefensa, ni frágil, mucho menos débil, ni las personas que me molestaron eran unos mugrosos vagabundos sin razón de existir, al contrario, son personas muy talentosas, creativas y expertas en su materia, pero que valiéndose de su posición quisieron traspasar mi voluntad, mi tranquilidad y mi espacio vital. En una ocasión hubo necesidad de viajar a la playa como parte de la filmación, el fotógrafo, un tipo reconocido, simpático, muy profesional en su materia se le hizo fácil gritarme en frente de todo el crew «Nan, yo solo vine para verte en bikini» a lo que inmediatamente respondí «Y yo sólo vine para verte trabajar» las personas que estaban en esa habitación voltearon a verme sorprendidas, incluso el director se quedó frío ante mi respuesta. Algunos de mis compañeros me expresaron su sorpresa porque nadie le había contestado así al señor y yo me pregunto ¿Cuál es la sorpresa? El tipo está traspasando mi tranquilidad con ese tipo de comentarios, deja al supuesto muchas cosas por hacerse el gracioso y ¿se supone que yo debía permanecer callada y/o sentirme halagada con un comentario estúpido que me incómoda? Lo mismo pasó con aquellos que por saberme nueva en la producción quisieron abrazarme, me hicieron sugerencias sexuales, me pidieron fotos o el día que le dije a uno de los directores que no me tocara la pierna y partir de ahí ignoró todas mis observaciones sobre el trabajo para el que me habían contratado. Al tiempo me queda la satisfacción de haber establecido los límites necesarios, aunque eso me haya valido ser ignorada, que no me dieran una silla, que me excluyeran de reuniones, etc. Hubo personas que incluso me dijeron «Así es el medio, es normal» Utilizamos la palabra «normal» en un sentido positivo de algo que no lo es ¡No, no es normal que alguien nos llame por un mote, no es normal que le quiten a una chica la ropa interior cuando camina por la calle, no es normal que un compañero de trabajo te pida un beso a cambio de hacer su trabajo, no es normal que nuestra pareja penetre nuestra intimidad sin nuestro consentimiento! Un amigo actor me contó que una productora de teatro trató de extorsionarlo cuando él quería cambiar de compañía en busca de crecimiento profesional, esta mujer trató de ejercer su poder sobre él al decirle que no sabía quién era ella y amenazó con destruirle su naciente carrera o una amiga que a cambio de no querer ser vista como problemática no reaccionó ante la agresión del chico con el salió un sábado por la noche. Sucede que al mantener el silencio, al no denunciar caemos en la «normalidad» de algo que no lo es porque la realidad misma nos asusta, nos bloquea dejándonos paralizados.

Gretchen Carlson pone en manifiesto cómo es que el acoso sexual arrebata la voluntad del otro, pero entonces ¿Cuál es la respuesta para acabar con el acoso? ¿Cómo podemos recuperar nuestro poder? Resulta que de la manera más sencilla, esa que no ejercemos por miedo al «qué dirán» y esa es: DENUNCIANDO. Sé también que no es fácil romper los esquemas de la «normalidad» con la que nos educan, sé también que cuesta lágrimas, relaciones, amistades, incluso familia porque es complicado que nos crean y que entiendan lo que es ser acosado, violado, sobre pasado. Sé que el silencio parece un lugar seguro, pero el silencio solo hace más firmes las «normales» raíces del acoso y la violencia cosificándonos, anulándonos… desapareciéndonos.

Inés Hercovich socióloga y psicóloga argentina menciona que una de las razones por las que permanecemos en silencio al momento de ser acosados es el miedo a que no nos crean, y tiene razón porque no hay dolor más hondo que depositar nuestra confianza, ya lastimada, en manos de la burla, la duda y el juicio.

Hace tiempo aprendí que la gente dirá de mí lo que desee. Aprendí a que es IMPOSIBLE complacer a todo el mundo, que es inútil, sobre todo, cuando mi integridad física y moral están de por medio. Aprendí a que si voy a perder algo, ese algo sea el miedo.

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