Manta del amor

A los seis días del mes de marzo les cuento que ahí sigo en pie con mis propósitos de este año. El día de hoy terminé de coser el último de los cuadritos de mi Manta del amor y quiero compartirles cómo empezó todo.

Hace seis años había terminado una relación en la que surgió la idea de hacer una manta. Mi pareja en turno y yo pensábamos viajar y cubrirnos con esa manta en los trayectos del autobús. La relación terminó, pero el proyecto no. El día que llegué a mi nuevo departamento empecé como Tita en Como agua para chocolate a tejer y no porque sintiera frío, como ella, sino porque necesitaba hacer algo para lidiar con el insomnio y la tristeza. Así que los primeros días de enero de 2011 monté la primera de las muchas cadenas de una tira sin sentido. Todas las tardes después del trabajo llegaba a casa y me concentraba en esa manta. Después de varias madejas de estambre me di cuenta que no estaba logrando mucho, pero seguí tejiendo, pensé que con el tiempo le vería la forma que deseaba. Cabe mencionar que mis habilidades en esa materia se limitaban a lo que mi abuela me había enseñado en la niñez, es decir, era más mi entusiasmo que mi documentación real. Por ahí de febrero conocí al que después se convertiría en mi pareja los próximos seis años. Los meses pasaron y él me veía tejer con afán hasta que un día me dijo «Oye, estás tejiendo en círculos, así no vas a aumentar el ancho, sólo se hará más larga» Después de casi seis meses de estar tejiendo, de haber invertido no sé cuanto dinero en estambre y tiempo que no volvería, me resistía a deshacer todo ese trabajo. Lo medité unas semanas hasta que me decidí a enfrentar mi primer fracaso. No tenía sentido seguir dando vueltas. No sabía qué iba a hacer con todo aquel hilo y además tenía que mudarme de casa. En diciembre de ese mismo año me enteré de que iba a ser mamá e inicié nuevamente el proyecto, pero está vez acudí a la abuela para que me diera los how to propios del tejido. Después de algunas semanas el proyecto volvió a interrumpirse por la perdida de mi bebé a las pocas semanas de embarazo. Luego del duelo recobré el proyecto, pero está vez con unos telares universales que prometían un avance más rápido que el crochet. Inicié de cero. Nuevos colores, nuevo estilo, nuevo hogar. Los meses pasaron hasta convertirse en años. La manta se volvió demasiado pesada y era muy difícil de manejar con aquellos telares en forma de peines plásticos, sin embargo no quise darme por vencida. Seguí tejiendo hasta que hubo que volver a juntar las cosas en cajas. Otra mudanza, esta vez de ciudad. El proyecto se quedó pausado por dos años hasta que un día descubrí a un grupo de señoras que se auto nombraban Las arañitas con quienes retomé de nuevo el proyecto, está vez con otra forma. Quería una manta hecha de cuadros, granny squares. Los primeros días de enero de 2017 volví a comenzar y como siempre pasa cuando crees que ya lo tienes todo resuelto, sucede que el fabricante dejó de producir el color, el grueso o que hice mal el calculo y en lugar de tejer sesenta cuadros terminé con trescientos diez, de los cuales sobraron veinticinco. Mientras cosía la última tira me di cuenta de todo lo que ha pasado en mi vida en estos seis años. Esta manta representa mucho más que hilo de colores. La manta del amor representa mi tenacidad, mi deseo de hacer las cosas bien pese a los cálculos erróneos. Es darme cuenta de que los cambios se provocan. Aprendí que si las cosas no salen a la primera puede que tampoco salgan a la segunda ni a la tercera, pero saldrán. Es saber que he tenido la humildad de escuchar las opiniones de aquellos que me han señalado alguna área de oportunidad, es aceptar que no lo he hecho bien y estar en paz con eso, es saber que soy tan valiente como para pedir ayuda, es saber que con las puras ganas no se logran las cosas, es importante documentarse, es saber que si el fabricante ya no fabricará el color planeado, tengo la creatividad para crear una nueva combinación. Hoy mi relación de pareja, al igual que la manta han llegado a su fin.

Después de seis años, de varios intentos, de perdidas, de lágrimas y varias mudanzas se concluyen, en realidad, dos proyectos que nacieron con amor, uno muy grande. El amor no muere, solo se transforma. Dicen que las oportunidades solo se dan una vez, pero yo digo que la oportunidad la tenemos todos los días. A través de esta manta aprendí que el proceso es más importante que el destino. Aprendí que soldado que se retira sirve para otra guerra. Aprendí a soltar. Aprendí que cada fin es en realidad un nuevo comienzo. Aprendí que la zona de confort, resulta bastante incómoda. Aprendí que da más miedo dar el salto que el salto mismo.

Este proyecto nació con la ilusión de cubrir a dos, a tres, tal vez. Esta noche cubrirá a uno, a mí y está bien porque la primera persona a la que debemos cubrir con amor es a uno mismo.

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5 comentarios sobre “Manta del amor

  1. Me encanta tu manera de escribir, pude sentir la nostalgía del inicio del texto, el crecimiento, el duelo con cada una de tus palabras. Muchas felicidades por resignificar de esa manera lo que para muchos puede ser sólo un proyecto más. Disfruta tu manta.

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