Felipe ¡Feliz cumple!

¡Ahora sí, por fin vamos a hablar sobre el escalofriante y nunca bien ponderado miedo! Y para empezar les comparto algunos de los míos:

• Ir de compras.

• Que la gente me vea.

• Arreglarme.

• Que cuando me siente se me vea la llanta, o sea, ahí está, pero que no se vea.

• Que cuando uso vestido se me quede atorada la parte de atrás en los calzones.

• Ser abandonada.

• Que me dejen en visto, desde mi jefe hasta mi casero.

• Quedarme sin gas en invierno o un día antes de la quincena.

• Que me dejen plantada.

• Que no me cumplan lo que me prometen.

• A hablar con alguien que tenga mal aliento.

• Al herpes.

• A los monumentos gigantes.

• A que se me manchen los dientes.

• A perder mi retenedor.

• A no cerrar la ventana en la noche y Diva, mi gatita, se escape.

• A ser una persona pública (un absurdo, soy bloguera, tengo Instagram @nan_oviedo, síganme)

… En fin, son muchos los miedos que me da miedo seguir. Cuando era niña le tenía miedo a la oscuridad. Recuerdo que me aguantaba para ir al baño en la noche con tal de no cruzar el oscuro pasillo hasta que descubrí las infecciones urinarias y ni modo, me tuve que aventar. Para vencer mi miedo, me encerraba en la covacha (cuarto donde ponemos todo lo que nunca usaremos con la máxima de «puede servir después») apagaba la luz y ahí me quedaba con la mano en la manija. Una noche se fue la luz y no había velas en casa. Recuerdo que cerré los ojos pensando que estaba en la covacha con la mano en manija de la puerta. Esa noche supe que miedo a la oscuridad estaba superado, lo que no sabía es que sólo era inicio del camino para descubrir miedos nuevos. Así es hasta en los miedo pasa uno de nivel como en los juegos de vídeo. Hace poco me hicieron una entrevista en la que me preguntaban qué consejo les daba a las personas que quieren dedicarse al cine y les respondí, en pocas palabras, que lo hicieran con miedo y todo. Las decisiones más complicadas, las más difíciles, las más felices, las más tristes y las que más me han hecho crecer las he tomado con miedo, muchísimo. Me consideraba una cobarde por llorar al momento de haberlas tomado, por sentirme piojita (poquita cosa). En mi imaginario, y en el de muchos, permanece esta idea de que la característica que nos hace valientes es la ausencia del miedo y no es así. Recuerdo que mi amigo Felipe cada que me veía llorar cual Magdalena, me decía “Así no va a llegar muy lejos, señorita Oviedo” y yo dando paso libre a la deshidratación.

Un día antes de mi separación, me senté en el suelo, contemplé la casa, los detalles y todavía recuerdo el miedo que sentí de saber que la decisión que acababa de tomar iba a derrumbar todo lo que hasta el momento había construido. Lo mismo me pasó cuando renuncié a mi primer empleo, cuando rompí con mi primer novio, cuando dejé la casa de mi papá para vivir sola, cuando me mudé de país, de ciudad, en fin, que me di cuenta de que todo el tiempo he tenido miedo, sin embargo eso no ha minado mi voluntad de hacer lo que creo que es necesario hacer para ser feliz. Todas las decisiones que tomamos en la vida las hacemos con la intención de proporcionarnos bienestar, aunque en el mero momento no se sienta tan bien.

Es cuestión de enfocarse y las cosas van sucediendo. Entre los libros que leí hace un mes estaba Cosas que piensas mientras te muerdes las uñas de Amalia Andrade, es el segundo libro que leo de esta autora y ya la siento como BFF. Leer a Amalia es como sentarse a platicar con tu mejor amigo sin que te juzgue, porque pues es un libro, obvio. La manera en la que trata los distintos aspectos sobre los miedos que nos aquejan es, además de divertido, reflexivo sin llegar al azote. Lo expuse cuando hablé de su primer libro Uno siempre cambia al amor de su vida por otro amor o por otra vida lloré de risa, con este segundo lloré porque realmente estaba triste, pero después de leerlo me quedé con una especie de valentía que reafirmo cada que hojeo el libro (también tiene dibujitos y espacio para que uno escriba) es como ir a terapia, pero más barato y se evitan que su sicólogo les diga como mi ex sicóloga «Nancy, bájale a tu fantasía». Hace unos días salí a comer con un compañero de trabajo y en la platica me preguntó si no me daba miedo morir sola y muy segura le respondí que no. Sentada en ese parque y mirándolo a los ojos descubrí que al menos ese miedo ya lo tengo superado, no sé cuál le siga, pero estoy segura que igual será superado por otro mejor.

Sé que al igual que yo muchos de ustedes tienen miedo a muchas cosas ahora, pero lo bonito que le encuentro al miedo es que este evoluciona. Tenemos la opción de ir descubriendo una nueva gama de miedos conforme avanzamos, conforme los hacemos amigos.

En 2017 inicié este blog y lo hice llorando, para variar, y con muchísimo miedo pensando «Dios mío los haters» «¿Qué dirán de mí?» y así y todo publiqué mi primera entrada Las canicas de Felipe y con mucho gusto les comparto que no solo he encontrado algunas de las canicas de Felipe, sino de las mías y al igual que él he perdido y regalado otras. Sigo sintiendo miedo, ganas de llorar, cierro los ojos y me imagino en la covacha sosteniendo la manija de la puerta con la seguridad de que soy yo quien decide en qué momento abrir la puerta.

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