La no acción

Derivado de mi última publicación donde les contaba que no hice lista de propósitos de año nuevo para 2019, recibí muchos mensajes de varios lectores que me expresaron su agradecimiento porque mis palabras calmaron su alma ya agüitada por la presión de que tampoco habían hecho una y se sentían perdidos en el espacio de la incertidumbre. Lo dije en aquella publicación y lo repito en esta: una cosa es no escribir los objetivos y otra es no tenerlos. Es decir, que el no tener una lista no anula el hecho de tener objetivos reales, incluso me atrevo a decir que muchas veces todo aquello que colocamos en las listas de propósitos no es del todo real porque nos falta conciencia para vernos tal cual somos, lo que sigue de ahí es la frustración y finalmente terminamos por abandonar el mediano esfuerzo responsabilizando a la maldita fuerza de voluntad, la cual les cuento no existe (léase como susurro). Ahí les va. En el momento que hacemos la lista le sudamos la gota gorda forzándonos para alcanzar objetivos irreales o basados en los deseos de alguien más; o sea por dar gusto a otros y sentirnos aceptados (es humano, oook) pero ¿qué pasa cuando no llegamos a esa meta? ¿los otros nos rechazan? ¿nos expulsan hacía el mundo de lo irrealizable? ¡NOOOOOOOOOO! Lo que sucede es que a los otros les vale gorro. Uno: ni se dan cuenta de la labor titánica que representa para nosotros habernos impuesto tal objetivo. Dos: No les importa (léase también como susurro). Y ahí quedamos nosotros con nuestro fracaso a cuestas y la irrealidad reafirmada para la lista del siguiente año envueltos en un círculo vicioso de profecías creadoras. Esto traducido quiere decir que mentimos por convivir y/o para ser aceptados dentro de nuestra sociedad o sea con nuestro entorno, y sabiendo que no somos capaces de alcanzar esos objetivos encima nos ponemos el pie. Por ejemplo, la dieta estricta en la que comemos lechuga pensando en tacos y terminas en los tacos reales y no con uno ni con dos; sino veinte (yo hace muuuuuuuuucho) o bien el gym carísimo con todos los aparatos necesarios para formar el cuerpo deseado y al que terminas yendo una o dos veces por razones varias: ni sabes utilizar los aparatos, queda lejos, no lo puedes pagar y ahí va otro objetivo al costal de las auto decepciones. También está el ya conocido objetivo de ahorrar y para despejarte de la idea de gastar vas a dar la vuelta a la plaza y ahí está frente a ti la oferta que no, no, no puedes dejar pasar, sales de la plaza con veinte cosas que no necesitabas, no querías, pero ya soy tuyas, tan tuyas como la deuda y la razón (o consuelo) “Es que para qué ponen esas ofertas cuando voy”. Todo esto se traduce en la poca o nula responsabilidad que tenemos de nuestros actos. En vez de medirnos, nos limitamos, intentamos mutilar todo deseo y la pasamos agonizando un año entero o varios.

En mi decisión de fluir fue como me topé con Wu wei a través de un mensaje de Hugo que me sugería leer sobre el tema. Ese día me dormí a las seis de tarde, desperté al siguiente día con poquita culpa, pero en friega me puse a leer sobre el tema. Wu wei describe un aspecto de la filosofía taoísta y quiere decir “no acción” otros lo describen como “el arte de no hacer nada” sin embargo no es así como quedarse estático; sino la no manipulación de los elementos externos para que las cosas sucedan. Por ejemplo, las plantas no hacen nada, en apariencia, y crecen, fluyen con el orden natural. Entonces mi culpa por haber dormido trece horas seguidas desapareció.

Hay un dicho que reza: Lo que es para ti, aunque te quites y lo que no, aunque te pongas. Así que todo eso que deseamos, por lo que trabajamos si realmente es para nosotros, será, no sin esfuerzo; sino sin manipulación sobre todo sin mutilación.

Los invito a que dejen sus comentarios y se suscriban al sitio locorrectodeloincorrecto.com

Instagram @nan_oviedo

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6 comentarios sobre “La no acción

  1. Saludos Nancy me gusta mucho tu estilo, es una narrativa que aparentemente íntima, no se queda ahí estática, sino que por frescura y veracidad realmente conecta. Seguiré leyéndote atenta y gustosamente. Un abrazo de Alberto Candelas

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