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Hoy es viernes, para mucho una razón suficiente para estar feliz y si ya les pagaron, la euforia. Les cuento que ayer no corrí los 12K, casi todo el día estuve como agua para chocolate, no me comí a nadie, no escupí a nadie, esto lo destaco porque es importante entender que nada, nada, nada, insisto ¡NAAAAAAAAADA! Justifica ser groseros con los demás. Una cosa es sentirse molesto, cansado, fastidiado, frustrado; etc pero de ahí a ser groseros hay una gran diferencia. Mañana se cumplen exactas tres semanas de estar en CDMX, tiempo en el que todos los días viajo en el metro para llegar a mi trabajo ubicado en avenida Reforma (taaaaaaaaaaaaaan bonitaa😍) y lo que he observado es la molestia, incluso la grosería de las personas que viajan en ese transporte. La mayoría de las mujeres van maquillándose en el camino con la intención de verse lo mejor posible; es decir, cuidan su aspecto. Pasan el cepillo del rímel varias veces por las pestañas, se miran atentamente en un espejo muy pequeño que les permite mirar sólo una parte del rostro a la vez. Boca perfecta, ojos perfectos, cejas perfectas, sin embargo, el rostro en conjunto representa la frustración, la envidia, la rabia hacia la propia realidad que impacta en un empujón, un comentario soez hacia la persona de junto “¿Bajas en la que sigue?” preguntan en el tono más amable que pueden fingir, digo fingir porque el subtexto es “Quítate, pinche estorbo” pero no lo dicen, lo infieren. Si hay algo que caracterice al capitalino, al mexicano en general es hablar al mero estilo de “Te lo digo Juan para que lo entienda Pedro” afrontar no es un ejercicio que se practique con regularidad y sí se atreve se considera grosería. En estas tres semanas he notado rostros hermosos en el vagón y sin embargo afectados por la agresividad propia al fruncir el ceño y dirigirlo al rostro de junto que no tiene la culpa de que el vagón esté lleno. No es culpa del otro que al querer bajar le dé un empujón, no es su culpa “estorbarle la salida”, no merece el comentario de “Pus si no te gusta, vete en Uber”. México es un país donde viajar en metro se toma como algo de gente baja, de pocos recursos, pobre. La pobreza, que para el mexicano, es virtud y condena termina por encerrarlo en la agresividad que no enfrentará solo; sino que impactará con el de junto desde un ojo bien maquillado, una boca bien delineada, una ceja arqueada, pero nunca contra un rostro completo.

En el día 43 previo al maratón de la CDMX 2019, me quedan claras varias cosas acerca de esta ciudad:

1.- Es hermosa.

2.- Podría haber espejos más grandes, de esos donde se alcanza a ver más que sólo una parte del rostro.

3.- Que maquillarse en el metro podría ser considerado un arte.

4.- Que hoy no correré ni al vagón, ni al gym, me arreglaré las uñas y disfrutaré de este nublado viernes en una de las ciudades más hermosas del mundo, CDMX, la Gran Ciudad.

Flojerometro: A tope 😉

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Foto de @wolf_pher

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