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Día 21. Por fin pude subirme a la elíptica, pude realizar mis ejercicios de rehabilitación sin dolor, eso sí cuando bajé sentí un dolor como piquete en el talón derecho. Ese pie todavía está sensible, mejor, pero sensible. Por otro lado, sigo emocionada y conmovida por el artículo que escribió Fabio Ornelas, mi entrenador 😎 Los que los leyeron con todo y que estaba en portugués ✔ y los que no ❌ je je no se crean, les cuento poquito. De lo que habla Fabio en ese artículo es de cómo ha sido la experiencia de entrenarnos para el maratón de CDMX a tio Luis, la Abogasnter y a mí a distancia, él se encuentra en Brasil y nosotros en México. Fabio menciona las razones por las empezamos a correr cada uno. Para mí fue muy revelador porque, aunque ya medio sabía lo que a cada uno de nosotros lo movió para levantarse a correr, pero leerlo en las palabras de alguien más fue conmovedor. Al leer el artículo de Fabio, me acordé de mí hace un año, justo después de mi separación matrimonial. Estaba tristísima. En aquel momento ya había corrido mi primer medio maratón en Guadalajara con Alexandra, Hugo y yo todavía estábamos juntos. Una semana después le pedí el divorcio, seis días antes de nuestro sexto aniversario se fue de casa y en aquel vacío físico y emocional lidiaba yo con mi tristometro.

Hacer ejercicio siempre me llenó de satisfacción, pero correr creo que es una de las muchas actividades que me salvó la vida en aquel momento. Al salir de trabajar iba a mi casa, me cambiaba de ropa y salía a correr con ese sol tremendo de Jalisco. Durante la semana de trabajo era más fácil para mí lidiar con la separación; sin embargo, los fines de semana era hoooooorrible. Yo decía que tenía el trauma del fin de semana. Mientras todo el mundo anhelaba que llegara el viernes, yo lo temía, me entraba una especie de angustia, de ansiedad que me costaba respirar, sabía que estaría sola; o sea no es que cuando estaba casada no lo estuviera, de hecho, esos eran los días en los que Hugo se iba de fiesta y como la canción, me daban las diez, las once esperando al tipo que no llegaba, cuando le llamaba por teléfono no me contestaba. El punto acá es que ese comportamiento me colocaba nuevamente en la posición de abandono. Cuando era niña mi papá decía que nos llevaría a pasear a mi hermana y a mí. Ilusionadas nos arreglábamos, nos sentábamos en la banca del patio de la casa de mi abuela y ahí nos daban las diez y las once y de Don Lino ni sus lights. Volver a sentir esa sensación de abandono a una edad que, según yo, ya no correspondía me provocaba un dolor tremendo. Cuando inicié las sesiones con mi Cucú, lo hice en viernes para tener algo así como un distractor a mi dolor, luego los sábados veía a Alex, mi pupilo y los domingos corría con Tío Luis y cuando me di cuenta el terror que le tenía a los fines de semana se convirtió en un disfrute.

En este momento que relato esa experiencia, me parece que lo más doloroso para mí es que sin ser niña, me llegaba a sentir así, indefensa y abandonada, primero por mi madre (otra historia) luego mi papá y para terminar mi marido en turno. Lo pongo así porque pienso volver a casarme para nada me siento una víctima, ni estoy resentida con la Vida, ni con el Amor, eso existe y es bien bonito. La próxima vez que me case, quiero que sea bien bonito porque la primera vez ni me quería casar, ni fue bonito, me refiero al acto per sé. El día de mi casamiento me vestí de verde, la oficina estaba horrible, un sillón roído de fondo, un bote de yogurt hizo de florero con unos claveles marchitos, en serio que cuando uno no quiere ver las cosas, simplemente no las ve. Ese día me acuerdo que ni podía respirar, estuve a dos de decir “mejor no” pero ya había firmado. Les cuento. La secretaria de la delegación dijo “Firmen estás hojas” yo firmé mientras consideraba decirle a Hugo “Oye y si mejor lo pensamos más” cuando terminamos de firmar la misma secretaria nos dijo “pues ya están casados, nomás pasen con el juez para que sea como oficial” yo tragué saliva y pensé “En la madre…” estaba sumamente nerviosa, estaba casada y ni supe. Ya sé que como lo estoy poniendo suena medio “¿qué pex con esta vieja?” No puedo mentir, me refiero a mentirme más, las cosas fueron así. Yo no quería casarme, yo quería un compañero, un cómplice, un amigo, yo quería tener una familia, no quería estar sola, esa es la verdad, como Niurka, es mi veldá. Casarme con Hugo ha sido la primera mejor decisión que he tomado en la vida. La segunda, separarme de él. Hugo fue un gran maestro de vida para mí, me mostró lo más profundo de mí, eso que nunca se quiere ver, pero existe. Agradezco a la Vida por el aprendizaje y porque en este momento me alegra entender la belleza en la frase nada es para siempre… y que bueno gooooooey.

Flojerometro: Agradecido 🙏🙌

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