Luces y cicatrices

Después varios días aquí voy otra vez a retomar las publicaciones de este bonito espacio. Para los que están suscritos, ya saben que di un súper fregadazo en la frente y si no lo saben ¡Suscríbanse! Bueno ya después del comercial, les cuento que este “silencio” se debió a que estaba muy cansada, no es que haya dejado de estarlo, pero ya es hora de volver a las letras. En este silencio me distraje en crear experiencias distintas. El próximo 22 de octubre cumplo cuatro meses en CDMX y ya sé que es un estrés tremendo estar contando los días como preso que espera ser liberado, pero ¿qué les digo? No les voy a decir la típica frase de “No puedo evitarlo” porque es mentira, la realidad es que no quiero, me aferro porque para mí es una manera de medir mis avances en este cambio, es un friendly y unfriendly reminder que me mantiene activa para no caer en la zona de cómoda que ni es cómoda y divagando un poco eso me recuerda a aquella frase de “la vida fácil” que tampoco es fácil, lo que me deja claro que vivimos en el absurdo de las frases y los hechos. Después de escuchar una y otra vez Love too much hasta quedarme dormida con mi frente doliente hoy desperté  con la buena nueva de que no tengo moretón, pero me duele la frente y le rasqué poquito más y me di cuenta de que como siempre pasa lo que duele no está en la superficie. Ayer me llamaron la atención en mi empleo por un error que cometí, soy una persona que acepta sus shits y ese no es el tema, pero ¿por qué rayos me pudo tanto? Sucede que esa fue la cereza del pastel el día de ayer porque nada de lo que tenía planeado estaba saliendo de acuerdo al plan. Me quedé sin dinero para terminar la quincena y me vi en la penosa necesidad de pedir ayuda. Hugo muy amablemente me mandó algunas de las viandas faltantes en el Albergue, peeeeeeeeeeero todo llegó mal. Las croquetas equivocadas, la arena para los gatos incorrecta, en lugar de acondicionador llevaron shampoo, faltó la crema corporal… No todo estuvo mal, el papel de baño sí llegó bien y llegó también pan de muerto (estaba delicioso, ajá ya se acabó) A eso le agregamos los cólicos mensuales, el malestar general, la frustración acumulada. Me quedé pensando todas esas que hago sin pensar, mi desorganización financiera, mi sensación de angustia. Esos momentos horribles en los que la voz interna le grita a uno todo eso que ha hecho mal. Fui a la cocina por las croquetas de Cirilo y de regreso las gavetas de la cocina estaban abiertas y me di tremendo golpe con las cuatro puertas, ajá no una, con las cuatro y seguidito. Me fui al sillón a llorar de dolor y de frustración… Luego del berrinche, me fui a dar la vuelta para evitar pensar en la posible cicatriz que me iba a quedar y justo en ese momento recordé mi cicatriz en la frente, sí tengo una ya. Tenía como cinco años y estaba jugando con algunos amiguillos a juntar no me acuerdo qué, yo me distraje viendo una luciernaga, me pareció fascinante aquel insecto, una niña llegó y me empujó para quitarme algo de lo que estabamos juntando y yo me di en la frente con una pierdra picuda. Me llevaron al hospital, me cocieron y de ahí el resultado de una cicatriz en el lado derecho de mi frente, como Harry Potter, pero mexa. Otra vez una cicatriz en el mismo lugar. Esa marca es evidente, pero a mí no me trauma porque me recuerda que fue el día que descubrí a las luciernagas, curiosamente me trauma más la marca que deja un grano de acné, en fin… Al llegar de mi pasea, ya más tranquila, regresé a mi rincón a agradecer todo lo bueno que sí tengo, toda la bondad del mundo hacia mí, todo lo lindo, todos mis “errores”. Hace poco sostuve una conversación donde me decían “Es que piensa bien las cosas antes de hacerlas” sé que esta persona lo hizo con buena intención, sin embargo, sostengo que, si pensara lo que quiero hacer, no haría nada y lo digo desde mi yo impulsivo, mi yo que se avienta con miedo y todo a hacer cosas, a los cambios. Hoy sigo con dolor en la frente, volví a romper la dieta al comer un pan sin azúcar que me regaló una compañera de trabajo, le puse crema al café… ¿Error o acierto? Me vale madre, acepto la responsabilidad con mi cabello lavado por dos jabones distintos, el agradecimiento profundo de la bondad de todo lo que me rodea y el recuerdo de aquella lucecita voladora a los cinco años.

 

¡Feliz viernes a todos! 😊

 

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