Los incorrectos incorruptos

 

“En este apartado podrán conocer a otras incorrectas plumas”

Mi nombre es…

Permíteme presentarme: 

Todas las mañanas cuando sale el sol, comienza mi arduo trabajo, mi deber: es caminar por las calles, esconderme en los callejones, andar por esos lugares obscuros a los que poco frecuentas, observar a cada habitante del planeta, a cada ser vivo que respire, a cada ser vivo que con el viento se desplace. Mi trabajo, cuando sale el sol, consiste particularmente en ser tu sombra, ser esa luz que te guía, ser ese compañero que sostiene tu mano, yo soy aquella persona que despierta por las mañanas, soy yo a quien miras en el espejo, soy yo al que vistes, a quien le das una ducha, soy yo a quien arrullas en las noches, es a mí a quien instruyes, es a mí a quien secas esas lágrimas, es a mí a quien le sonríes, soy esa voz que te alerta, la voz que te mantiene cuerdo y seguro, por mi respiras, por mi vives, descuida, no te sonrojes, intento darte tu espacio. 

Jornada tras jornada, mi labor es inmutable, inapelable; en mi trabajo no existe el desempleo pues tú te encargas de solventarlo, ¿Cómo? ¡Es tan sencillo! Con tus metas fracasadas, tus errores constantes, tu falta de valía, tus amores frustrados, tus deseos reprimidos, tus días de enojo y tus vicios, día a día es para mí el alimento. Para mí, no hay obstáculos en mi faena, solo es cuestión de pensar como tú, predecir tus movimientos, acechar tus equivocaciones, carcomer tus sueños. 

¿Eres japonés? ¿Eres irlandés? ¿Eres brasileño? No importa que nacionalidad tengas, ni que profesión ejerzas, mi trabajo es atenderte. ¿Eres rico? Yo administro tus finanzas, para que en la pobreza termines y tus predicciones se realicen. ¿Eres pobre? No te dejaré solo, yo me encargaré de que, como un rey vivas en la calle. ¿Eres burócrata, empresario o empleado? Yo haré tus sueños realidad, te colocaré en la cima de la montaña, te convertiré en el más despiadado asesino o si lo deseas podemos quedarnos solamente en casa para nunca salir. Amigo mío, puedes creer que yo no distingo, pues a mis ojos todos son iguales.

Puedes ordenarme que retire mis pertenencias y marche al caer la tarde, pero siempre volveré, con una simple duda, con un simple prejuicio, con una simple incógnita, estaré a tu lado otra vez. Aquellos que en mi creen, los hago padecer, los humillo, los maldigo, los condeno, puedo hacer que supliquen de rodillas, pero aquellos que estén de mi lado, puedo darles todo aquello que jamás han imaginado. No soy un dios o un demonio, soy simplemente un gusto, un deleite para el cosmos, soy un insignificante placer. Pero si me cuestionas, te podría decir que en lo personal, me considero como un virus, te preguntarás ¿por qué? Bien, el virus puede infectar todas las células sanas de un ser humano, yo puedo invadir cada pensamiento, cada fibra de un cuerpo, puedo contagiar con una sola palabra a una comunidad, atestar un país en un segundo con un pánico colectivo, invadir un continente con una inocente guerra y ¿sabes cuál es la mejor parte? Puedo gobernar al mundo con un simple rumor.

Sin embargo como toda enfermedad puedo ser controlado, a tal grado de ser inofensivo, convertirme en un recuerdo nada más, o como toda plaga puedo ser exterminado, ¡sí! Exterminado, con la única arma que posee el ser humano y con la única arma que el ser humano fue capaz de dudar: Confianza.

No hace falta vociferar cuando entre a la habitación pues seré la atención, no hace falta carteles de bienvenida pues fácilmente me reconocerías, no hace falta anunciarme, pues sabes quién soy. Pero por cortesía y educación:

Encantado, mi nombre es… Miedo.

Madeline  Martínez

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